Café, tapas y cócteles en la Plaça de Sant Sebastià, delante de la iglesia y a dos minutos del Botànic. De las diez de la mañana a la una.
Mesas bajo los árboles, delante de la iglesia de Sant Sebastià. Cuando sale la misa del domingo, se llena; y hay más perros que camareros.
Los árboles hacen el trabajo; nosotros ponemos el café. Desayuno largo, periódico, segundo café sin que nadie te mire raro.
Sale la misa y entra todo el mundo. La plaza se llena de golpe y la terraza también. Reserva, en serio.
Agua siempre, carantoñas según el camarero. Si llueve, entran contigo y nadie dice nada.
Cuando el tiempo se enfría, la noche sigue dentro: lámparas rojas y cócteles hasta el cierre.
El local está en la antigua Casa de los Obreros, con el rótulo pintado todavía en la fachada. Las vidrieras verdes, las lámparas de papel y los carteles de circo de hace un siglo son los de siempre; la cocina, la de ahora.
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